A nadie le gusta perder dinero. Y quien diga lo contrario probablemente lleve poco tiempo operando en los mercados o simplemente sea un mentiroso. No hay otra.
Sin embargo, aunque a todos nos cuesta aceptar esta realidad, perder forma parte del trading. No importa cuántos libros hayas leído, cuántas horas dediques a estudiar gráficos o lo convencido que estés de tu próximo movimiento. Tarde o temprano, el mercado se moverá en tu contra y tú también te vas a llevar algunos palos. Es inevitable.
Lo curioso es que seguimos interpretando las pérdidas como si fueran una prueba de que hemos hecho algo mal. Cerramos una operación en negativo y empezamos a cuestionarlo todo: nuestro análisis, nuestra estrategia y, en ocasiones, hasta nuestra capacidad para operar.
Pero ¿realmente una operación perdedora significa que hemos tomado una mala decisión?
Pues no necesariamente. De la misma forma que una ganancia tampoco significa siempre que hayamos hecho las cosas bien. Aunque eso lo dejaremos para otro artículo.
Uno de los mayores errores que solemos cometer como traders es confundir la calidad de nuestras decisiones con el resultado que obtenemos. Podemos seguir nuestra estrategia, respetar el riesgo y ejecutar una operación de manera impecable y, aun así, perder dinero. Del mismo modo, podemos entrar impulsivamente, ignorar nuestro plan y terminar obteniendo un beneficio considerable.
El mercado no siempre recompensa las buenas decisiones ni castiga inmediatamente las malas. Y precisamente por eso resulta tan fácil aprender las lecciones equivocadas.
Imaginemos que abrimos una posición después de estudiar detenidamente el mercado. Tenemos una hipótesis razonable, conocemos nuestro punto de invalidación y sabemos cuánto estamos dispuestos a perder. El precio se mueve en nuestra contra y terminamos cerrando con pérdidas.
Yo me he comido muchas de estas a lo largo de mi vida en los mercados. Algunas incluso llegaron a estar en beneficios antes de darse la vuelta. Y sí, también me ha dado rabia no haber aprovechado esos movimientos o he terminado culpando al mercado por no darme lo que, según yo, me merecía.
En ocasiones cometí errores de gestión. En otras, simplemente tuve que aceptar que el mercado no había seguido el escenario que esperaba. Y esa diferencia importa mucho más de lo que parece.
Porque la pregunta clave aquí es: ¿hemos fracasado?
Desde el punto de vista económico, la operación ha terminado mal. No hay duda de que un cierre en rojo no supone un avance para nuestra cuenta ni para nuestros objetivos financieros como traders. Pero desde el punto de vista de nuestro proceso, quizá no haya nada que corregir.
Ahora imaginemos lo contrario. Y de estas estoy seguro de que también recordamos alguna.
El problema es que solemos confundirlas con grandes aciertos. Incluso llegamos a presumir de ellas porque creemos que hemos hecho las cosas bien, cuando en realidad entramos sin demasiado criterio, aumentamos la posición mientras el mercado cae y decidimos aguantar porque estamos convencidos de que tarde o temprano recuperará.
Finalmente, el precio rebota y cerramos con beneficios.
Hemos ganado dinero, sí. Pero también hemos reforzado una conducta que podría terminar costándonos mucho más en el futuro.
Esta es una de las grandes trampas del trading, y resulta mucho más fácil caer en ella de lo que nos gusta reconocer: el resultado de una operación puede decirnos muy poco sobre la calidad de la decisión que la precedió.
Por supuesto, esto no significa que debamos aceptar todas nuestras pérdidas sin cuestionarlas. Algunas son consecuencia inevitable de operar en un entorno incierto. Otras nacen de la impaciencia, del exceso de confianza o de nuestra incapacidad para reconocer que estábamos equivocados. Esta última duele especialmente y habrá que dedicarle más tiempo en otro artículo.
Aprender a distinguir unas pérdidas de otras es mucho más útil que repetirnos que perder también es ganar. No solo porque puede ayudarnos a evitar errores innecesarios, sino porque nos obliga a prestar atención a nuestro proceso, que es donde realmente podemos trabajar para mejorar nuestros resultados.
Todos podemos ser ese trader tonto que tiene un día de suerte. La cuestión es si somos capaces de sostener nuestros resultados en el tiempo. Y para eso no basta con acertar de vez en cuando: necesitamos un sistema con sentido, una gestión del riesgo adecuada y la disciplina necesaria para respetar ambos.
Aceptar una pérdida no significa celebrarla. Tampoco implica resignarse a perder dinero continuamente. Significa comprender que no podemos controlar el resultado de cada operación, pero sí podemos trabajar sobre nuestras decisiones, nuestra exposición al riesgo y nuestra respuesta cuando las cosas no salen como esperábamos.
Quizá la verdadera diferencia entre un trader experimentado y uno que todavía está aprendiendo no sea cuántas veces aciertan, sino la relación que mantienen con sus errores.
Tampoco digo que debamos romantizar el proceso de perder. Yo soy el primero al que le jode tener que cerrar una posición en pérdidas. Pero con el tiempo he llegado a entender que esto forma parte del trading y que, por mucho que nos moleste, no siempre vamos a tener razón.
Es preferible asumir una pérdida limitada y aceptar que nuestra hipótesis no ha funcionado que empeñarnos en luchar contra el mercado y contra nuestras propias emociones. Una batalla que, además de resultar agotadora, puede acabar convirtiendo una operación perfectamente asumible en un problema mucho mayor.
Y quien te diga que puedes ganar siempre, o que basta con aguantar hasta que el mercado te dé la razón, probablemente te quiera vender la moto.
Al final, quizá el objetivo no debería ser ganar siempre, sino aprender a perder cuando toca. Porque una cosa es asumir una pérdida razonable y otra muy distinta es convertirla, por nuestro propio orgullo, en un problema mucho mayor.

